Dolor por artritis degenerativa

La artritis degenerativa, u osteoartritis, es un problema común que, en mayor o menor grado, afecta prácticamente a todas las personas mayores de 60 años. Es el tipo más frecuente de artritis; es menos grave que otras formas de la enfermedad que causan inflamación y deformaciones.

DESCRIPCIÓN

La artritis degenerativa causa dolor y rigidez debido al desgaste de las superficies que normalmente permiten el movimiento de las articulaciones. De ahí proviene el nombre de artritis degenerativa; también conocida como artritis hipertrófica.

CONSIDERACIONES

La mayoría de la gente con artritis degenerativa ni siquiera sabe que la padece porque no siente dolor. Para algunos el dolor es moderado. Para otro, la enfermedad es dolorosa y va agravándose progresivamente y afecta a su vida diaria. No se puede predecir su desarrollo, pero está claro que es una enfermedad que dura toda la vida. En la mayoría de los casos, el malestar que ocasiona la artritis degenerativa empeora después de estar quieto o cuando las articulaciones trabajan demasiado.

CAUSAS

La causa de la artritis es una lesión en el cartílago, el tejido elástico que rodea y protege los extremos de los huesos.

Durante muchos años era “el desgaste inevitable de la edad”. Sin embargo, en la actualidad los médicos creen que tiene que ver con un desequilibrio de las enzimas que digieren los cartílagos y la actividad de las células de reparación de los cartílagos. Además, parece que hay una tendencia hereditaria a desarrollar la enfermedad.
Cualquiera que sea su causa, esta enfermedad puede desencadenarse prematuramente por un trauma, exceso de peso o el movimiento y uso repetitivo de las articulaciones propias de algunas ocupaciones. Ejemplo de esto son: las lesiones en las rodillas de los jugadores de fútbol, en los tobillos de las bailarinas, en los dedos de los mecanógrafos, etc.

Las articulaciones que soportan peso, como las rodillas y caderas, también son susceptibles de ser afectadas por la artritis degenerativa.

SIGNOS Y SÍNTOMAS

Los principales síntomas son: Dolor en las articulaciones, especialmente al moverse

Rigidez en las articulaciones por la mañana y al moverse
Hinchazón e inflamación de las articulaciones

LLAMANDO AL MÉDICO

La mayoría de los casos de artritis degenerativa no son graves. El autotratamiento es suficiente cuando se logra aliviar el dolor con una aspirina o un baño caliente. Pero, si sufre dolores persistentes y agudos o rigidez, vaya al médico para confirmar el diagnóstico y recibir un tratamiento que prevenga daños en las articulaciones.

TRATAMIENTO

Los objetivos del tratamiento médico son: Aliviar el dolor

Mantener el movimiento de las articulaciones
Prevenir lesiones en las articulaciones

CUIDADOS

El sentido común es esencial para sobrellevar esta enfermedad. Para prevenir lesiones:

Mantenga su peso ideal

Antes de hacer deportes infórmese sobre la manera apropiada de practicarlo
Limite el trabajo de sus articulaciones, especialmente de las que soportan peso
Inicie el día con un baño de agua tibia

Artritis psoriásica

La Artritis Psoriásica puede iniciarse de forma lenta y con síntomas moderados que se controlan muy bien con antiinflamatorios pasando desapercibido su diagnóstico. En ocasiones sigue un curso progresivo que puede llevar a la incapacidad funcional.

Esta enfermedad se presenta entre los 30 y 50 años y afecta por igual a hombres y mujeres.

¿Cuales son los síntomas?

Rigidez: aparece en las mañanas en la articulaciones comprometidas, al igual que en otras artritis la severidad de la rigidez está en relación con el grado de inflamación. Cuando hay compromiso de la columna el paciente nota rigidez en la región de la espalda alta o baja.

Dolor: que empeora con el reposo, presentándose sobretodo en la noche o al levantarse.

Inflamación articular: En las articulaciones se aprecia inflamación la que característicamente es asimétrica. Esta inflamación reduce la movilidad articular. Las articulaciones más frecuentemente afectadas son muñecas, rodillas, caderas, columna lumbar y cervical.

Cambios en las uñas: A nivel de uñas aparece un punteado y otras lesiones en el 80% de los pacientes con Artritis Psoriásica.
Formas Clínicas de la Artritis Psoriásica

Existen 5 formas como puede manifestarse la Artritis Psoriásica.

Artritis Simétrica: Es decir compromete articulaciones de ambos lados del cuerpo, por ej. ambas rodillas, ambas manos. Esta forma se parece mucho a la Artritis Reumatoide. La Psoriasis asociada es generalmente severa. La mitad de los pacientes con esta forma clínica desarrolla una enfermedad progresiva que lleva a grados variables de incapacidad.

Artritis Asimétrica: No ocurre en las mismas articulaciones, usualmente afecta de 1 a 3 articulaciones, generalmente la rodilla, cadera, muñeca o tobillo. Puede comprometer algún dedo e inflamarlo en forma de salchicha. Esta forma es generalmente de evolución moderada, pero algunos pacientes pueden desarrollar una forma severa.

Pseudoartrosis: En esta forma clínica se afecta las partes distales de los dedos de manos o pies y puede confundirse con una Osteoartrosis erosiva. Solo 5% de los pacientes con Artritis Psoriásica evoluciona de esta forma.

Espondilitis: Afecta la columna provocando rigidez del cuello o la columna lumbar, dolor a nivel de gluteos ( articulaciones sacroiliacas ) lo que hace difícil los movimientos. Asociado a este cuadro puede afectarse alguna articulación periférica ( rodilla, tobillo, etc).

Artritis Mutilante: Es una forma severa, afecta a menos del 5% de los pacientes con artritis psoriásica. Afecta principalmente articulaciones de manos o pies. Esta forma clínica progresa rápidamente llevando a destrucción articular en termino de meses a años.

¿Cual es el tratamiento?

Existen un sinnúmero de medicamentos que pueden utilizarse en la Psoriasis y la Artritis Psoriásica. El escoger el fármaco está en relación con el tipo de enfermedad, edad, situación de la afectación de la piel, etc. su reumatólogo del Instituto Ferran de Reumatología le informará sobre todas las opciones aplicables para su caso concreto.

Hay situaciones en que la enfermedad es moderada y puede ser suficiente el uso de antiinflamatorios no esteroideos. En la mayoría de los casos la enfermedad es progresiva y se puede utilizar metotrexate, o en casos severos los agentes biológicos como etanercept (acceda a la ficha completa del producto pdf 170 Kb.), infliximab o adalimunab (recientemente aprobado para esta indicación). Debe manejarse adecuadamente el estrés, a veces con soporte psicológico adicional.

A modo experimental, la técnica de Plasma Rico en Factores de Crecimiento se está utilizando por su potente acción antiinflamatoria en algunos casos severos de Artritis Psoriásica refractarios a los tratamientos habituales, así como también se utiliza la de Aféresis de Granulocitos.

El uso de cualquiera de los fármacos mencionados exige una monitorización estrecha cuya frecuencia varía de acuerdo a la situación del paciente.

Novedades

Una de las más importantes novedades experimentales en el ámbito del tratamiento de la Artrits Psoaríasica rebelde y severa, es la utilización de un sistema de filtrado de determinados componentes de la sangre conocido como Aféresis de Granulocitos o Granulocitoaféresis (Adacolumn ®), disponible en el Institut Ferran de Reumatología a través del Servicio de Terapia Autoinmune.

Atritis gotosa (gota)

¿Qué es la gota?
La gota es una artritis aguda generalmente recidivante, que afecta a articulaciones periféricas y se produce como resultado del depósito de cristales derivados del ácido úrico, en las articulaciones, tendones y estructuras próximas. No todas las personas con hiperuricemia desarrollan gota, pero la probabilidad de desarrollarla es mayor cuanto más altos sean los niveles ácido úrico y mayor la duración de la hiperuricemia.

Es una enfermedad más frecuente en varones. En estos, los niveles de ácido úrico ascienden en la adolescencia, mientras que en las mujeres se mantienen bajos durante toda su etapa reproductiva y es raro que padezcan gota antes de la menopausia.

La edad habitual de aparición es alrededor de los 50 años, en los varones es posible la afectación a más temprana edad.

La gota se encuentra fuertemente asociada con otras situaciones patológicas como obesidad, hipertensión, hiperlipidemia o diabetes.

¿Qué es la gota?
La gota es una artritis aguda generalmente recidivante, que afecta a articulaciones periféricas y se produce como resultado del depósito de cristales derivados del ácido úrico, en las articulaciones, tendones y estructuras próximas. No todas las personas con hiperuricemia desarrollan gota, pero la probabilidad de desarrollarla es mayor cuanto más altos sean los niveles ácido úrico y mayor la duración de la hiperuricemia.

Es una enfermedad más frecuente en varones. En estos, los niveles de ácido úrico ascienden en la adolescencia, mientras que en las mujeres se mantienen bajos durante toda su etapa reproductiva y es raro que padezcan gota antes de la menopausia.

La edad habitual de aparición es alrededor de los 50 años, en los varones es posible la afectación a más temprana edad.

La gota se encuentra fuertemente asociada con otras situaciones patológicas como obesidad, hipertensión, hiperlipidemia o diabetes.

¿Por qué se produce?

La gota se produce por la existencia de un exceso de ácido úrico en el organismo. Este exceso puede ser debido a un aumento de la producción, a una ingesta excesiva de alimentos ricos en purinas que son metabolizadas a ácido úrico por el organismo, o a un defecto en la eliminación renal.

Son alimentos ricos en purinas, las vísceras, las alubias, las carnes rojas, o el marisco. Las bebidas alcohólicas, y especialmente la cerveza, también incrementan los niveles de ácido úrico. Por todo ello antiguamente se consideraba la gota como una enfermedad de ricos o de reyes.

Los niveles normales de ácido úrico dependen de la edad y del sexo, y se relacionan además con la obesidad, aterosclerosis, hiperlipidemia, diabetes, hipertensión, alcohol, y algunos fármacos como diuréticos. Así, el origen de la hiperuricemia puede ser primario, o secundario a otras patologías como enfermedades renales, tumores, ingesta de algunos fármacos, alcohol, etc. En la mayoría de los casos se ignora el motivo del aumento de dicha sustancia.

Con el tiempo, este exceso de ácido úrico forma cristales de urato monosódico, que se depositan en la articulación y provocan los ataques de gota. La concentración de ácido úrico en sangre se correlaciona más o menos con la gravedad clínica de la artritis, pero no se sabe por qué un individuo presenta gota mientras que otro no la presenta. Se habla de la existencia de un componente genético.
Artritis aguda:

La forma más frecuente de manifestarse la gota es un ataque de artritis aguda que afecta a una sola articulación y se presenta de forma súbita, pudiendo ser desencadenado por pequeños traumatismos, abusos alimenticios, intervenciones quirúrgicas, fatiga, estrés, infecciones, etc. A veces aparecen sin que haya ningún factor desencadenante.

El ataque de gota o artritis gotosa aguda se caracteriza por la aparición brusca de dolor, generalmente de inicio nocturno. A las pocas horas se producen síntomas inflamatorios hinchazón de la articulación, mayor dolor y enrojecimiento, y extensión a las partes blandas circundantes. El dolor aparece de forma espontánea, pero se incrementa con los roces o traumatismos y desaparece completamente en unos días o pocas semanas. A veces se acompaña de fiebre moderada.

En el la mitad de los casos la primera zona afectada es el dedo gordo del pie (podagra). También ocurre en la rodilla, el empeine, el tobillo, la muñeca, el codo o el hombro.

Después del primer ataque continúa un periodo de semanas, meses o incluso años, libre de síntomas. Al evolucionar la enfermedad los periodos entre las crisis suelen ser más cortos e incluso afectan a varias

articulaciones a la vez.

Artritis crónica:

Existe una forma de gota llamada artritis crónica gotosa o gota tofácea, que se origina por la incapacidad del organismo de eliminar los cristales a medida que se van depositando en las articulaciones. Esta situación aparece en formas evolucionadas de la enfermedad y con altos niveles de ácido úrico. Estos depósitos de urato sódico, llamados tofos, se localizan frecuentemente en la parte externa de las orejas, codo, manos, muñecas o pies. Los síntomas que producen son dolor persistente y una marcada impotencia funcional.

Diagnóstico
El Colegio Americano de Reumatólogos (ACR) estableció en 1977 unos criterios, de manera que el cumplimiento de algunos de ellos orienta hacia el diagnóstico de artritis gotosa:

1. Más de un ataque de artritis aguda.
2. Inflamación máxima desarrollada en un solo día.
3. Afectación de una única articulación (monoartritis)
4. Enrojecimiento de las zonas que rodean a la articulación.
5. Dolor o inflamación de la articulación del dedo gordo del pie.
6. Ataque de artritis aguda unilateral de la articulación del dedo gordo del pie.
7. Ataque unilateral de la articulación del tarso.
8. Sospecha o presencia de tofos.
9. Hiperuricemia.
10. Hinchazón asimétrica de la articulación en la radiografía.
11. Presencia de quistes subcorticales sin erosiones en la radiografía.
12. Cristales de urato monosódico en líquido articular durante el ataque agudo de gota.
13. No presencia de microorganismos infecciosos en el cultivo microbiológico del líquido articular durante el ataque.

Cuando la clínica es muy típica, el diagnóstico de gota puede realizarse por la historia y la exploración física acompañados de la detección de niveles de ácido úrico en sangre superiores a 7 mg/dL. Estos niveles pueden sugerir el diagnóstico pero no lo confirman. La gota se acompaña generalmente de hiperuricemia pero durante el ataque agudo no es raro que los niveles de ácido úrico sean normales. Además existen personas con hiperuricemia que nunca llegan a desarrollar gota.

El diagnóstico definitivo se realiza mediante el hallazgo de cristales de ácido úrico en el líquido articular durante un ataque agudo de gota. Estos cristales también pueden encontrarse en los tofos o en líquido de articulaciones libres de síntomas pero que estuvieron inflamadas con anterioridad.

Tratamiento
El tratamiento de la gota tiene como objetivo por un lado tratar los ataques de gota, y por otro disminuir el ácido úrico para así evitar la formación de cristales de urato.

El tratamiento de las crisis agudas consiste en la administración de fármacos antiinflamatorios como colchicina o antiinflamatorios no esteroideos (AINE), fundamentalmente Indometacina. Estos fármacos presentan ciertos efectos secundarios por lo que siempre deben ser tomados bajo la prescripción de su médico que le indicará el medicamento a tomar y las dosis más adecuadas para cada caso. I

Si los ataques de gota son poco frecuentes y los niveles de ácido úrico son normales, el paciente no precisará medicación en los periodos libres de síntomas. En otros casos se administrara algún tratamiento, para prevenir nuevas crisis.

En los casos de hiperuricemia, existencia de ataques recidivantes de gota, daño renal, o gota tofácea, será conveniente introducir un tratamiento farmacológico para disminuir los niveles de ácido úrico. Para ello se utilizan medicamentos que disminuyen la producción de éste, como el alopurinol, o que facilitan su eliminación renal, como el probenecid.

Será también fundamental realizar una dieta adecuada aunque no estricta. Es recomendable moderar la ingesta de alcohol y de ciertos alimentos del tipo de caza, mariscos o vísceras. Es necesario además evitar los factores que favorecen que se desencadene una crisis.

Dolor por artritis séptica

Es una inflamación de una articulación, ocasionada por una infección bacteriana diferente a la gonorrea.

Causas, incidencia y factores de riesgo

La artritis séptica se desarrolla cuando las bacterias se propagan a través del torrente sanguíneo a una articulación o cuando la articulación se infecta directamente con bacterias durante una lesión o cirugía.

La artritis séptica aguda tiende a ser causada por organismos tales como estafilococos, Streptococcus pneumoniae y estreptococos del grupo B; mientras que la artritis séptica crónica (que ocurre con menos frecuencia) es causada por organismos tales como Mycobacterium tuberculosis y Candida albicans. Las articulaciones más comúnmente infectadas son la rodilla y la cadera.

Los siguientes factores incrementan el riesgo de padecer artritis séptica:

Implantes de articulaciones artificiales
Infección bacteriana
Padecimiento o enfermedad crónica
Consumo de drogas por vía intravenosa
Medicamentos que inhiben el sistema inmunitario
Traumatismo reciente en una articulación
Artroscopia reciente u otra cirugía en una articulación
Artritis reumatoidea
Enfermedad drepanocítica
La artritis séptica se puede observar a cualquier edad. En los niños, ocurre con mayor frecuencia en aquellos menores de 3 años de edad. La cadera es el lugar de infección más común en los bebés.

La artritis séptica no es común desde los 3 años de edad hasta la adolescencia. Los niños con artritis séptica tienen mayor probabilidad que los adultos de infectarse con estreptococos del grupo B y Haemophilus influenza.

Síntomas

El comienzo de los síntomas generalmente es rápido con inflamación articular, dolor articular intenso y fiebre baja.

Síntomas en recién nacidos o bebés:

Incapacidad para mover la extremidad con la articulación infectada (seudoparálisis)
Llanto al mover la articulación infectada (por ejemplo: el cambio de pañal provoca llanto si la cadera está infectada)
Irritabilidad
Fiebre
Síntomas en niños y adultos:

Dolor articular intenso
Inflamación de la articulación
Enrojecimiento de la articulación
Incapacidad para mover la extremidad con la articulación infectada
Fiebre baja
Se pueden presentar escalofríos, pero no es común.

Signos y exámenes

Hemocultivo
Análisis del líquido sinovial o cultivo del líquido articular
Radiografía de la articulación afectada
Tratamiento

Los antibióticos se utilizan para tratar la infección.

El reposo, la inmovilización, la elevación de la extremidad y la aplicación de compresas calientes pueden aliviar el dolor. Asimismo, realizar ejercicios en la articulación afectada ayuda al proceso de recuperación.

Si el líquido sinovial se acumula con rapidez en la articulación como resultado de una infección, se puede necesitar una cirugía o la aspiración frecuente de líquidos con la inserción de una aguja en la articulación. En los casos graves, puede ser necesario practicar una cirugía para drenar el líquido de la articulación infectada.

Dolor por artritis reumatoidea

Es una enfermedad crónica que ocasiona inflamación de las articulaciones y tejidos circundantes, pero que también puede afectar otros órganos.
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La artritis reumatoidea (AR) se considera una enfermedad autoinmunitaria y se desconoce su causa. El sistema inmunitario del cuerpo normalmente combate las sustancias extrañas, como virus. Pero en una enfermedad autoinmunitaria, el sistema inmunitario confunde o toma los tejidos sanos como sustancias extrañas y, como resultado, el cuerpo se ataca a sí mismo.

La enfermedad se puede presentar a cualquier edad y las mujeres resultan más afectadas que los hombres.

La artritis reumatoidea generalmente afecta a las articulaciones de ambos lados del cuerpo por igual, siendo las muñecas, los dedos de las manos, las rodillas, los pies y tobillos las partes del cuerpo más comúnmente afectadas. El curso y la gravedad de la artritis reumatoidea pueden variar considerablemente. La infección, los genes y las hormonas pueden contribuir a su desarrollo.

SíntomasLa enfermedad generalmente comienza de manera gradual con:

Fatiga
Rigidez matutina (que dura por más de una hora)
Dolores musculares generalizados
Pérdida del apetito
Debilidad
Finalmente, aparece el dolor articular. Cuando la articulación no está en uso por algún tiempo, se puede tornar caliente, sensible y rígida. Cuando el revestimiento de la articulación se inflama, produce más líquido y la articulación se inflama. El dolor articular a menudo se siente en ambos lados del cuerpo y puede afectar la muñeca, las rodillas, los codos, los dedos de la mano, los dedos de los pies, el tobillo o el cuello.

Los síntomas adicionales abarcan:

Anemia debido a la insuficiencia de la médula ósea para producir suficientes glóbulos rojos nuevos
Ardor, prurito y secreción del ojo
Deformidades de manos y pies
Rango de movimiento limitado
Fiebre baja
Inflamación del pulmón (pleuresía)
Entumecimiento u hormigueo
Palidez
Nódulos redondos e indoloros debajo de la piel (generalmente un signo de una enfermedad más grave)
Enrojecimiento o inflamación de la piel
Inflamación de los ganglios linfáticos
La destrucción de la articulación puede ocurrir dentro de un período de uno a dos años después de la aparición de la enfermedad

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